
Miércoles está enamorada. Y no de cualquier criatura oscura y atormentada, sino de un chico absolutamente normal.
Lo que en otra familia podría resolverse con una cena incómoda, en la familia Addams se convierte en un auténtico Apocalipsis doméstico. La noticia sacude los cimientos de la mansión y obliga a todos —vivos, muertos y orgullosamente excéntricos— a enfrentarse a algo mucho más inquietante que la oscuridad: la normalidad.
Más allá del humor negro y las situaciones imposibles, la historia habla de algo profundamente
reconocible: la familia, el amor adolescente y la necesidad —a veces desesperada— de ser
aceptado tal y como uno es. Incluso si uno es un Addams.